ESCENA REPENTIZADA

ESCRITURA AUTOMÁTICA

Clases del taller de escritura creativa con Tamara Berbés en La Íntegra teatro.

Ejercicio: Escribir una escena de teatro en 30 minutos a partir de una una frase creada entre varias personas. La frase debía contener al menos un personaje haciendo una acción determinada en un lugar concreto. A continuación la idea con la que me tocó trabajar:

Una mujer recogiendo setas en el monte, y un huracán arrancando las casas de los pobres pitufos.

A tener en cuenta: Dentro del texto debíamos incluir un diálogo rápido, con palabras fonéticamente parecidas que diesen un aire absurdo al conjunto global.

PITU-SECRETO

Personajes: 

Juana

Papá Pitufo

Pitufo Agorero

Pitufo Segurata

Pitufo Puerta de Discoteca

Pitufo puntilloso

Del proscenio aparece Juana con una cesta de paja y con el cuerpo inclinado mirando fijamente al suelo. En la mitad derecha del escenario, un grupo de personajes pintados de azul y con ropas y gorro blancos no paran de saltar y bailar.

Pitufos (a coro musical): ¡Qué bello es vivir! ¡Qué bonito es estar vivo, qué bonito que es vivir!

Juana: La voz de los Pitufos reduce su volumen hasta quedarse silenciada- Me encantan las setas, me relaja tanto ir a buscar setas al monte. Es uno de mis hobbies más secretos. Ni mi marido ni mis hijos lo saben, pero cuando llego al monte me transformo. Tengo un talento natural para detectar las mejores setas. Y eso se lo debo a mi ritual. Primero, doy un salto. 

Juana salta con fuerza sobre el terreno. Nada más llegar al suelo, los Pitufos se caen del corro que formaban, como si una pequeña explosión les hubiese golpeado. 

Pitufos: Todos hablan cortándose los unos a los otros- ¿Qué es eso?, ¿lo habéis notado? Ha sido un temblor… Como si…

Pitufo Agorero: Gritando y entrando en escena violentamente- ¡Es ella!

Un golpe seco suena fuera del escenario. 

Pitufos: Asustados, gritan- ¡Oh no!

Pitufo Agorero: Nuestros parientes lejanos nos lo advirtieron. Pitufo Primo Segundo nos envió una carta hace meses diciendo…

Pitufos: A coro- ¿Qué carta?

Papá Pitufo: Con voz autoritaria- Ninguna. -ante sus palabras, el resto de Pitufos se giran para dejarle paso.

Pitufo Agorero: ¡Mientes! Nos llevas años ocultando la verdad, pero es hora de que todos vosotros lo sepáis. 

Papá Pitufo: Temblando ligeramente de enfado- ¡Calla! No puedo permitir que sigas pregonando tus insanas locuras a mi gente. Primero lo de la lluvia de pepinos mortíferas, luego lo de la plaga de coronillas que nos dejarían a todos calvos. 

Pitufo Agorero: ¿Acaso esto último no es cierto?

Silencio. Todos los Pitufos se miran, se quitan sus sendos gorros blancos y se rascan sus alopécicas cabezas. Abren mucho los ojos. 

Papá Pitufo: Poniéndole el gorro al Pitufo más cercana que tiene delante- ¡Nacimos sin pelo, Pituestúpidos!

Pitufo Puntilloso: Menos Pitufina. 

Pitufos: A coro y asintiendo- ¡Cierto, cierto!

Papá Pitufo: Poniendo Orden- ¡Se acabó! Pitufo Agorero esta es la última que te tolero. 

Pitufo Segurata, Pitufo Puerta de Discoteca ¡traedmelo!

Pitufo Segurata: Cogiendo a Pitufo Puerta de Dicoteca- Toma 

P. P. de Discoteca: ¿Qué tomo?

P. Segurata: El pelo

P. Discoteca: ¿Qué pelo? Si soy calvo.

P.Segurata: tocándose la cabeza, sorprendido- ¡Anda y yo!

P. Discoteca: Pues toma. 

P. Segurata: ¿Qué tomo? 

P. Discoteca: ¿Té?

P. Segurata: ¿Té tomo?

PDiscoteca: Me tomo. 

P. Segurata: Emetomo. 

P. Discoteca: ¿Hematoma?

P. Segurata: ¿Cardenal?

P. Discoteca: ¡¡No, Segurata!!

P. Segurata: ¡Es verdad, qué susto, creí que había cambiado de profesión!

P. Discoteca: ¡Y yo!, pero por suerte puedes dedicarte a lo que más te gusta. 

P. Segurata: Me gusta deshojar margaritas. 

P. Discoteca: ¡Qué bien! Es un deporte muy complicado. 

P. Segurata: Sobre todo porque las margaritas miden como tres Pitufos. 

Papá Pitufo: Dando un grito- ¡Os queréis callar, y cogerle de una Pitufa vez!

Pitufo Agorero: Sacándose una inyección de debajo de su gorro- ¡Esta vez no, Papá Pitufo! Esta vez todas tus mentiras y tramas saldrán a la luz. 

Pitufo Agorero le clava la inyección en el brazo a Papá Pitufo. Este empieza a vibrar y a cambiar repéntínamente de color. Rojo, amarillo… Empieza a lucir más y más más y más. 

Por otro lado Juana está terminando todos sus rituales para la búsqueda de setas. Hasta que algo le llama extrañamente la atención. 

Juana: Señalando el suelo- ¡Ahí! Justo ahí, sabía que mi baile a cuatro patas, el comer hierba mientras abrazaba un árbol y rascarme la oreja como un perrete me desvelaría dónde se encontraban las mejores setas. ¡Venid con mamá!

Juana empieza a arrancar setas a destajo. A su vez, el mundo de los Pitufos se empieza a derrumbar y hay pitufo sangre por todas partes.


UNA FOTOGRAFÍA, UNA ESCENA

ESCRITURA AUTOMÁTICA

Clases del taller de escritura creativa con Tamara Berbés en La Íntegra teatro.

Ejercicio: Escribir una escena de teatro en 40 minutos a partir de una fotografía. En este caso nuestra profesora nos propuso una foto en blanco y negro de una plaza mayor de algún pueblo o ciudad donde la gente pasaba, esperaba y en conclusión, vivía su vida sin saber que el objetivo de una cámara se estaba posando en ellos.

Felicidad en blanco y negro

Personajes: 

MATILDE

JOSÉ

FELIZ

RICARDO

Nos encontramos en la plaza de un pueblo. Se acerca la temporada de Navidad, luces y puestos de compra/venta en cada esquina. Pero el frío esa tarde es intenso, y no se ve demasiada gente. 

José lleva un rato fumándose un cigarro tras otro mirando como un malabarista ambulante (Ricardo) hace unos trucos a cambio de muy pocas monedas. Saca una cuerda enganchada a dos palos en cada punta y la moja en agua para sacar grandes pompas de jabón ayudándose con el viento y el movimiento.

Matilde llega a la plaza y mira nerviosa de lado a lado. Se mantiene parada cambiando su peso de un pie a otro. En su mano sostiene un libro. Tirita de frío. Se apoya en la misma pared donde José está recostado. Mira a José con curiosidad y entonces decide hablar.

MATILDE: (Dirigiéndose a José de forma entrecortada) Disculpe, ¿es usted Feliz?

JOSÉ: (Sorprendido) ¿Perdón?

MATILDE: (Insistente)  ¿Feliz, eres Feliz?

JOSÉ: (Con tristeza) No lo sé… Eres la primera persona que me lo pregunta en toda mi vida. 

MATILDE: (De repente haciéndose cargo de sus palabras) ¡No, no! No eres Feliz, por su puesto que no.

JOSÉ: (Todavía más triste, el cigarro se le consume entre sus dedos) ¿Ah, no? Pues vaya…

MATILDE: ¡No! (acercándose a José e intentando tranquilizarlo) Me refiero a que ese no es tu nombre. 

JOSÉ: ¿Mi nombre? (extrañado) Mi nombre es José, y ahora resulta que no soy feliz (melancólico). 

MATILDE: ¡Hola José! (estrechando la mano de José con mucha fuerza) Claro que puedes ser feliz, pero no Feliz (haciendo énfasis en la última palabra). Perdona de nuevo por la confusión. Estoy buscando a Feliz… Un hombre con el que llevo hablando a través de mensajes de móvil hace tiempo… Pero hasta ahora, nunca nos habíamos atrevido a conocer en persona. 

JOSÉ: (Asombrado) ¿Has estado chateando con un hombre que se hace llamar Feliz, meses?

MATILDE: Fue una errata en su partida de nacimiento. Al parecer sus padres le quisieron llamar Felix, pero algún funcionario lo debió escribir mal. Cuando vieron su nombre en el libro de familia estuvieron tentados a cambiarlo, hasta que en el último momento se dieron cuenta. ¿Qué padre no querría que su hijo fuese Feliz? 

JOSÉ: (Complacido) Menuda historia… Yo me llamo José, porque mi padre se llama José, y mi abuelo, y mi tatarabuelo y… bueno tantos tatataras como Josés hay en mi familia. 

MATILDE: Pues encantada, yo me llamo Matilde. 

JOSÉ: Y ese Feliz, ha quedado contigo aquí, ¿llega tarde?

MATILDE: Realmente no, soy yo la que ha llegado antes… Es que verás, es la última oportunidad que me doy para pintar la vida de color. 

JOSÉ: Es usted muy poética. 

MATILDE: Lo digo literalmente. Yo sólo veo en blanco y negro. 

JOSÉ:(Extrañado) ¡Ah eres algo así como daltónica!

MATILDE: No, no… Yo antes veía todo con colores vivos. Sabía que el verde era verde, que las rosas son rojas, y que las naranjas engañan menos que las rosas. Pero un día me levanté, y todo ¡plaf! Se volvió gris de repente.

JOSÉ: ¡Joder! ¿Qué comió esa noche? A ver si algo le sentó mal. 

MATILDE: ¡Qué va! Si ningún médico me ha sabido decir nada de nada… Sólo sé que un día de la noche a la mañana, el color desapareció, y todo en la vida me empezó a parecer aséptico, sin gracia… Como si nada tuviese razón ninguna. ¿Sabes a lo que me refiero?

JOSÉ: Sí claro… Es mi día a día. Aunque yo sigo viendo colores eso sí. 

MATILDE:(Emocionada) Pero cuando conocí a Feliz supe que tenía una oportunidad, quizá la última para que los colores volviesen, y hoy es el día en el que la luz brillará en mis ojos otra vez. 

Feliz aparece con un libro bajo el brazo. Se queda contemplando a Ricardo mientras este hace pompas gigantes de jabón. Tiene una sonrisa amplia en el rostro. 

MATILDE: (Gritando contenta)¡Es él! (corriendo hacia Feliz). 

Matilde se lanza a sus brazos y le besa apasionadamente. Se separan y se miran. 

JOSÉ: (Gritando a Matilde en el otro lado de la escena) ¿Qué? ¿cómo lo ves?

MATILDE: ¡Qué equivocada estaba, José! ¡Ahora sé que mi felicidad está pintada en blanco y negro!


EXTRES

Microteatro

Clases del taller de escritura creativa con Tamara Berbés en La Íntegra teatro.

Ejercicio: Crear una escena de microteatro que pudiese interpretarse a través de la pantalla del ordenador.

Sinopsis: Clara, una chica poco ducha en las nuevas tecnologías, tiene una reunión de trabajo muy importante a través del ordenador, y decide pedir a su pareja y amigas que le ayuden para no quedar mal delante de sus jefes.

Estilo: Humorístico.

Título: EXTRES  

Personajes:

CLARA

PABLO 

EXTRES

VIKY (O ESO CREO)

Voz en off VECINO

Una pantalla de ordenador, dos cámaras se activan dejando ver a los usuarios que hay tras ellas. Un hombre está sentado en frente de su escritorio, lleva unos auriculares puestos y sonríe al encenderse la video llamada. Su nombre (Pablo) aparece escrito en un rectángulo en la esquina inferior derecha de la imagen. Igual pasa con Clara, aunque a diferencia de su interlocutor,  a ella todavía no tenemos el gusto de ponerle rostro. En su cámara se intuye la silueta de una chica demasiado cerca del objetivo. Parece tener una lucha con el aparato. 

CLARA: (Mueve excesivamente la cámara y habla muy alto) ¿Pablo? ¿Pablo? No te oigo, ¿tú me escuchas?

PABLO: (Quitándose con urgencia los cascos ante los gritos de Clara) Sí. Claro que te escucho. 

CLARA: (Todavía en el mismo tono y con movimientos de cámara violentos) No te oigo nada. Menuda mierda de Zoomito.

PABLO: (Intentando hacerse oír entre el griterío de Clara) Ponte los cascos a ver si… (Clara sigue hablando sin hacerle caso).

CLARA: ¡¿Qué?! 

PABLO: (Gritando más fuerte) ¡Que te pongas los cascos! 

CLARA: ¿Qué qué? 

VECINO DE PABLO: (Desde fuera de escena pero en la casa de Pablo) ¡Que se ponga los putos cascos de una vez, que no hay quien duerma, coño! (Pablo mira asustado a la dirección de donde proviene el sonido).

CLARA: ¡Ay, no sé qué dices! Mira, yo me voy a poner los casos porque así no te escucho nada. (Poniéndose los cascos) ¡Por fin!  

PABLO: (Con hastío) Vale, y ahora pon bien la cámara a ver si conseguimos hacer un videollamada en condiciones. 

CLARA: (Moviendo mucho la cámara hasta enfocar su cara) Perdona churri… ¡Se me dan fatal estas tecnologías, ya sabes! Pero es que no quiero hacer el ridículo en la reunión de mañana. Venga, voy a probar a meter a las chicas, ¿vale?

PABLO: (Con cariño, comprensivo) Si es fácil, sólo tienes que dar al botón ese que tiene un símbolo de más y te aparecerán los nombres. 

CLARA: (Mirando con concentración a la pantalla) A ver, Ester y Vicky… Creo que lo tengo. ¿Ya? ¡Ay, mierda! Me he salido del programa este… 

En la pantalla aparecen dos cuadros en negro con dos nombres en ellos:«ExTres» y «Viky (O eso creo)». Un icono de loading indica que se van a añadir a la conversación.

PABLO: Ok, parece que ya se están conectando. Oye, pero les has puesto nombres muy raros a Vicky y a Ester en la agenda, ¿no?

CLARA: (Distraída clicando fuerte con el ratón) ¿Raros? ¿Cómo raros? Son los que son. ¡Pablo, anda! Dime cómo volver a meterme en la conversación, que me he ido. Te oigo, pero no te veo la cara como antes.

PABLO: No te has ido, sólo te has salido de la ventana. (Insistiendo con el tema)  Y vamos, lo de que no son raros esos nombres, lo dirás tú. (Pequeña pausa) ¿Te pone nerviosa ver a Ester, o qué? (riéndose de su propio chiste) Además, que todavía dudes de si es Vicky o no después de tantos años…

CLARA: ¿Qué? (cayendo en la cuenta de pronto y hablando con agobio, aunque todavía no ha podido entrar dentro de la videollamada) ¡No, no! ¿A quién he metido? ¡Me pasa siempre, tío! (en ese momento el rectángulo negro con el nombre de «Viky (O eso creo)» cambia dejando ver a una chica con cara de sorpresa al otro lado). Tengo un contacto al lado de Vicky que no tengo ni zorra de quién es. Creo que se trata de una chica de la universidad que uff… ¡Madre mía, qué personaje Pablo! Te he debido hablar de ella, una chica con un entrecejo que parecía que se le había dormido una oruga entre ojo y ojo…

Viky cada vez se enfada más mientras se palpa el entrecejo. Pablo muy abochornado intenta cortar a Clara.

PABLO: (Cauto) Clara…

CLARA: Super rara, te lo digo. Con una coleta ahí, medio de lado, y los pelos erizados, que parecía que le gustaba aplastar globos con la cabeza. Si le ponías las manos encima veías el futuro como una pitonisas. (Clara se ríe mientras sigue distraída dando golpes al ratón. Viky avergonzada se toca el pelo, e intenta recolocarse la coleta que lleva ahora mismo). 

PABLO: (Elevando la voz) ¡Clara!

CLARA: (Aliviada y exclamando) ¡Vale, ya sé entrar otra vez! Ya estoy…(Clara comprueba que Viky está en la conversación y la cara se le desencaja). 

VIKY (O ESO CREO): (Seria y dolida) Hola.

CLARA: ¡Viky! Mujer cuánto tiempo…

VIKY (O ESO CREO): Me llamo Virginia. 

CLARA: (Sin apenas voz) Claro… 

Se hace un silencio en el que Viky mira con mucho odio a Clara, y ella intenta evitar su mirada. 

PABLO: (Rompiendo un poco la tensión con una sonrisa) Menudo momento más EXTRESante (haciendo énfasis en su broma. Clara y Viky miran al recuadro de su pantalla donde se sitúa Pablo). 

CLARA: ¿Qué? (completamente perdida).

PABLO: No sé, digo yo que Ester pillará la gracia, ¿no? 

CLARA: No tengo ni idea de lo que hablas. 

VIKY (O ESO CREO): (Interviniendo ofendida) Me lo depilaba a diario ¿sabes? 

PABLO: (Continuando la conversación con Clara) ¡Extres! Bueno mira, hablando de la Reina de Roma (en ese momento ExTres se conecta, es un joven de la misma edad de Pablo, tiene el gesto serio). 

CLARA: (Con desesperación intentando taparse la cara con lo primero que coge, que es una foto suya) ¡Hostias! 

EXTRES: (Cabreado) ¿Ahora quieres hablar conmigo? ¿Eh? Si no me has cogido el teléfono ni una sola vez desde que me dejaste… ¡Cabrona! 

CLARA: Bueno Javi, yo, (bajando la fotografía y entrecortándose mientras mira al recuadro de Javi) a ver…

PABLO: (De repente lúcido) ¿Javi? ¿Tu ex? ¿Has llamado a tu ex? 

CLARA: Bueno Pablo, yo… (entrecortándose mirando al recuadro de Pablo)  los zoomys, los skipis… Que se me dan muy mal.

VIKY (O ESO CREO): Las orugas son animales maravillosos. Secretan seda líquida.

PABLO: (Pensativo) Ex Tres… ¿Es el tercero? ¡Me dijiste que sólo habías estado con uno antes que yo!

EXTRES: (Con mucha sorna) ¡JA!

Clara balbucea Todos empiezan a reprocharle cosas a Clara a la vez. Las voces se superponen las unas a las otras. Sólo se escucha barullo, nada concreto, exceptuando cuando habla Clara entre medias.

EXTRES: (Apuntando a la pantalla con rabia) ¡Por mensaje! ¿Cómo me pudiste dejar por mensaje y luego ni siquiera llamarme? ¡Que me bloqueaste de todas las redes sociales! Y yo quería recuperar mis zapatillas y la Play que me la dejé en tu casa…

CLARA: (Aporreando el ordenador) Apágate maldito bicho. 

PABLO: Si me has escondido que tenías más exs, ¿en qué más me habrás engañado? ¿Por qué no me hablaste ni del primero ni del segundo? Nunca he sido celoso, pero claro, si me mientes, ahora tendré que preguntarme quién ese tal…

CLARA: (Cogiendo el ordenador y moviéndose por la casa, buscando una salida) No, no, no…¡Qué mierda es esta! ¿Cómo se apaga? 

VIKY (O ESO CREO): Lo pasé muy mal con mi entrecejo. La gente me señalaba por la calle. Alguna vez me llevé un manotazo de mis amigos porque pensaron que de verdad era un bicho lo que se me había caído encima de la nariz. Además (…) 

(La última frase de «Viky (O eso creo)» se escucha clara) 

(…) leí que los globos eran buenos para la keratina. 

CLARA: (Gritando) ¡A tomar por culo! (Lanzando el ordenador por la ventana). 

Las pantallas se tornan a negro.


UNA DE PRINCESAS

ESCRITURA AUTOMÁTICA

Clases del taller de escritura creativa con Tamara Berbés en La Íntegra teatro.

Ejercicio: Crear un microrrelato a través de las emociones de otros compañeros en 15´. Obstáculos, resilencia, la muerte, la pérdida…

Abrió los ojos repentinamente, como si nunca antes hubiese sabido utilizar sus párpados. Estaba tendida en el suelo, y un peso brutal le oprimía el pecho. Intentó pronunciar palabra, pero solo humo se escapó de sus labios.

Humo… donde siempre había residido fuego.

Observó la escena que tenía a su alrededor, la torre derruida se apilaba sin orden en montañas de despojos. Como era ella misma, un despojo, un ser que habían dado por muerto. Incluso ella misma dudaba de si no fuese más que un cadáver con un fantasma escondido.

Miró su tronco, robusto, escamoso. Empapado de una sangre ácida que parecía corromper su piel.
Si no estaba muerta, poco le faltaba… Y en ese momento sólo sentía lástima por sí misma.

Ser el dragón en un cuento de princesas siempre fue muy complicado. La muerte siempre rondaba su cabeza, y los príncipes no demostraban demasiada caballerosidad cuando se trataba de lanzar una espada lo más próxima al corazón. Ser dragón siempre fue complicado…¡Pues no os imagináis lo difícil que es ser una dragona!

Era una auténtica cruzada conseguir un puesto aterrador en los pequeños pueblos medievales. Nadie las tomaba en serio. Sus rugidos siempre, decían, eran menos atronadores que los de sus compañeros masculinos. A menudo les cuestionaban qué harían con sus huevos cuando tuvieran que estar custodiando los castillos y a las princesas que allí habitaban. Le había costado demasiado conseguir ese puesto de trabajo como para verse así ahora, tendida en el suelo entre escombros.


De pronto oyó una voz romperse. Un llanto amargo retumbó en sus oídos y en su vista nublada se dibujó una figura que se acercaba desconsoladamente.


Era su princesa.


Tanto tiempo compartido. Historias, anécdotas, sus vidas… Y ahora parecían expirar.


—¡Pero qué haces estúpida! No te acerques a esa bestia —gritaba el caballero limpiando su espada de sangre seca.


UNA CANCIÓN, UN RELATO

ESCRITURA AUTOMÁTICA

Clases del taller de escritura creativa con Tamara Berbés en La Íntegra teatro.

Ejercicio: ¿Qué te inspira cada canción?

1.

Siempre le habían hecho gracia como los hielos tintineaban en los vasos de licor cuando los camareros los dejaban caer con un impostado estilo. ¡Qué mal hizo la película de Cóctel a toda una generación! ¿Cuántos Tom Cruises que se han quedado a medio camino de Top Gun y Misión imposible?

Esa noche, el Pub seguía dando la misma impresión de agobio que la noche anterior, y la anterior, y la anterior. Un tiempo estancado como el agua de aquella bayeta olvidada en la esquina de la barra ¿Cuánto llevaría allí? Julio ya ni contaba los días en los que su compañero Rafa dijo que la recogería, mientras contestaba a un WhatsApp y mascaba chicle con mandíbulas bien entrenadas. Un Pub en el  que nunca pasaba nada, apenas gente. Las cucarachas eran las únicas que dejaban propinas. Y el escenario, que un día quiso hacer las veces de cazatalentos, ahora sólo hospedaba una guitarra de tres cuerdas.

2.

Se calzó su gorro de ala ancha. Su madre le solía decir que los sombreros podían revelar la posición moral de las personas.


—Nunca escatimes el valor de un buen sombrero hijo. Nunca pienses que es un gasto perdido. Cuando alguien con un buen sombrero se presenta delante de ti, el aire se arremolina a su paso y todos se giran a mirarlo. Porque en las alturas está el gusto. Y tú, mi vida, llegarás a llevar un buen sombrero.
Sergio ya no tenía diez años, y su casa de Sicilia se había quedado muy lejos, al otro lado del Atlántico, con cuarenta años de distancia. La sua mamma ya nunca más le hablaría, ni le volvería a dar consejos.

Su féretro se alzaba ante él, desde las alturas, para que pudiese observar bien el sombrero que se había puesto en su honor.

3.

La camita no medía más de un metro de largo, y sin embargo, ella sólo era un bultito en medio de tanta sábana y tanta manta. Su pijama se le ajustaba al pañal y respiraba como si los problemas nunca pudiesen existir. Marta miraba a la pequeña, ya había desistido de recolocarse bien el pelo que apenas recogía la goma de su coleta. Estaba agotada.

4.

El álbum de fotos estaba revuelto por el suelo. Todas las fotos tenían cientos de pegatinas pisándose las unas sobre otras. Fecha sobre fecha, tachón en marzo, interrogación en mayo. Nombres de personas, de lugares, de sitios en los que alguna vez ella estuvo. Esas palabras estaban puestas en todas las fotografías con una caligrafía temblorosa.

Tú estuviste aquí, en Mérida, en Dinamarca y en Argentina. Ahí le conociste, ese fue el mejor día de tu vida. Lo que más te gustaba era olerla su cabecita antes de acostarla. Acuérdate de vuestra primera casa junto al mar. Acuérdate de que te encantaba bailar. Tu canción favorita… Él te la solía tocar… Acuérdate.
Recuérdate.

5.

Bueno, no fue fácil ver esa fotografía.
Eso ya lo sabía.
Debería haber bloqueado a su familia de Facebook, en la opción de borrar del planeta, por favor. Pero ahí estaba, muy guapa… La verdad que preciosa.
¡Joder no! Céntrate. Porque lo importante no es lo guapa que estuviera Lucía en París. Lo importante de esa puta foto es lo guapa que estaba Lucía en París con otro.
Que ya estaba con otro pavo. ¿Pero quién era ese gilipollas? Aparte de más calvo, y más… Bueno, quizá tiene un poco más de músculos que yo. Quizá. Quizá es cierto que parece más alto. Pero seguramente es porque ella no lleva tacones. Conmigo siempre se ponía esos tacones. No porque le quedasen bien, era para dejar claro que era más alta.
¡Joder! Si sólo han pasado seis años… ¿Cómo puede estar ya con otro?

6.

En la cola del autobús hay veces que el tiempo se masca como mantequilla de cacahuete. Se hace eterno. Además el espacio se reduce, a más gente, más intensidad del tiempo de espera. En esos momentos en que solo quieres que el número 7 se dibuje a lo lejos, lo peor que te puede pasar es que un vecino aparecido decida entablar una insustancial conversación.
El tiempo…
Sí, es un tema igual de interesante que lo gris del cielo.