UNA FOTOGRAFÍA, UNA ESCENA

ESCRITURA AUTOMÁTICA

Clases del taller de escritura creativa con Tamara Berbés en La Íntegra teatro.

Ejercicio: Escribir una escena de teatro en 40 minutos a partir de una fotografía. En este caso nuestra profesora nos propuso una foto en blanco y negro de una plaza mayor de algún pueblo o ciudad donde la gente pasaba, esperaba y en conclusión, vivía su vida sin saber que el objetivo de una cámara se estaba posando en ellos.

Felicidad en blanco y negro

Personajes: 

MATILDE

JOSÉ

FELIZ

RICARDO

Nos encontramos en la plaza de un pueblo. Se acerca la temporada de Navidad, luces y puestos de compra/venta en cada esquina. Pero el frío esa tarde es intenso, y no se ve demasiada gente. 

José lleva un rato fumándose un cigarro tras otro mirando como un malabarista ambulante (Ricardo) hace unos trucos a cambio de muy pocas monedas. Saca una cuerda enganchada a dos palos en cada punta y la moja en agua para sacar grandes pompas de jabón ayudándose con el viento y el movimiento.

Matilde llega a la plaza y mira nerviosa de lado a lado. Se mantiene parada cambiando su peso de un pie a otro. En su mano sostiene un libro. Tirita de frío. Se apoya en la misma pared donde José está recostado. Mira a José con curiosidad y entonces decide hablar.

MATILDE: (Dirigiéndose a José de forma entrecortada) Disculpe, ¿es usted Feliz?

JOSÉ: (Sorprendido) ¿Perdón?

MATILDE: (Insistente)  ¿Feliz, eres Feliz?

JOSÉ: (Con tristeza) No lo sé… Eres la primera persona que me lo pregunta en toda mi vida. 

MATILDE: (De repente haciéndose cargo de sus palabras) ¡No, no! No eres Feliz, por su puesto que no.

JOSÉ: (Todavía más triste, el cigarro se le consume entre sus dedos) ¿Ah, no? Pues vaya…

MATILDE: ¡No! (acercándose a José e intentando tranquilizarlo) Me refiero a que ese no es tu nombre. 

JOSÉ: ¿Mi nombre? (extrañado) Mi nombre es José, y ahora resulta que no soy feliz (melancólico). 

MATILDE: ¡Hola José! (estrechando la mano de José con mucha fuerza) Claro que puedes ser feliz, pero no Feliz (haciendo énfasis en la última palabra). Perdona de nuevo por la confusión. Estoy buscando a Feliz… Un hombre con el que llevo hablando a través de mensajes de móvil hace tiempo… Pero hasta ahora, nunca nos habíamos atrevido a conocer en persona. 

JOSÉ: (Asombrado) ¿Has estado chateando con un hombre que se hace llamar Feliz, meses?

MATILDE: Fue una errata en su partida de nacimiento. Al parecer sus padres le quisieron llamar Felix, pero algún funcionario lo debió escribir mal. Cuando vieron su nombre en el libro de familia estuvieron tentados a cambiarlo, hasta que en el último momento se dieron cuenta. ¿Qué padre no querría que su hijo fuese Feliz? 

JOSÉ: (Complacido) Menuda historia… Yo me llamo José, porque mi padre se llama José, y mi abuelo, y mi tatarabuelo y… bueno tantos tatataras como Josés hay en mi familia. 

MATILDE: Pues encantada, yo me llamo Matilde. 

JOSÉ: Y ese Feliz, ha quedado contigo aquí, ¿llega tarde?

MATILDE: Realmente no, soy yo la que ha llegado antes… Es que verás, es la última oportunidad que me doy para pintar la vida de color. 

JOSÉ: Es usted muy poética. 

MATILDE: Lo digo literalmente. Yo sólo veo en blanco y negro. 

JOSÉ:(Extrañado) ¡Ah eres algo así como daltónica!

MATILDE: No, no… Yo antes veía todo con colores vivos. Sabía que el verde era verde, que las rosas son rojas, y que las naranjas engañan menos que las rosas. Pero un día me levanté, y todo ¡plaf! Se volvió gris de repente.

JOSÉ: ¡Joder! ¿Qué comió esa noche? A ver si algo le sentó mal. 

MATILDE: ¡Qué va! Si ningún médico me ha sabido decir nada de nada… Sólo sé que un día de la noche a la mañana, el color desapareció, y todo en la vida me empezó a parecer aséptico, sin gracia… Como si nada tuviese razón ninguna. ¿Sabes a lo que me refiero?

JOSÉ: Sí claro… Es mi día a día. Aunque yo sigo viendo colores eso sí. 

MATILDE:(Emocionada) Pero cuando conocí a Feliz supe que tenía una oportunidad, quizá la última para que los colores volviesen, y hoy es el día en el que la luz brillará en mis ojos otra vez. 

Feliz aparece con un libro bajo el brazo. Se queda contemplando a Ricardo mientras este hace pompas gigantes de jabón. Tiene una sonrisa amplia en el rostro. 

MATILDE: (Gritando contenta)¡Es él! (corriendo hacia Feliz). 

Matilde se lanza a sus brazos y le besa apasionadamente. Se separan y se miran. 

JOSÉ: (Gritando a Matilde en el otro lado de la escena) ¿Qué? ¿cómo lo ves?

MATILDE: ¡Qué equivocada estaba, José! ¡Ahora sé que mi felicidad está pintada en blanco y negro!


The house in the cerulean sea

Opinión sobre el libro «The house in the cerulean sea» de TJ Klune.

Victoria Izquierdo

Hace unos meses me regalaron un libro de fantasía en inglés. 

Todavía estoy en un punto con ese idioma en el que aunque las historias sean espectaculares, lo que más disfruto es de la conciencia (algo pretenciosa) de que puedo leer un libro escrito en una lengua que no es la mía. 

Pero con The house in the cerulean sea fue diferente. Me enamoré de este cuento tan bien tratado, y solo lamenté que mi nivel de inglés no estuviera a la altura de algunos tramos de la novela. 

Sabes que un libro te ha atrapado porque cuando llegas a esa última línea de punto final suicida, no consigues superarlo. Releés los párrafos que más te atrayeron, los momentos que te erizaron la piel. No puedes aceptar la despedida. Es una ruptura con preaviso, y aún así sientes que no quieres perder esa chispa que te ha cambiado por dentro. 

Y lo más extraordinario de todo es que The house in the cerulean sea es una historia que deslumbra por su sencillez. Parece que no te va a contar nada nuevo, o más impresionante de lo que hayas leído con anterioridad. Hay magia, hay burocracia, hay luchas interiores que ponen al corazón del protagonista contra la espada y la pared. Es una narración clásica que se adapta paso por paso al viaje del héroe. ¡Pero cómo he disfrutado cada paso, cada trecho recorrido de la mano de su autor!

Sin desvelar nada de lo que acontece en la obra, quiero hacer hincapié en el mensaje que subyace en toda ella.

Es una oda a la integración, la aceptación de lo diferente. Esa rareza tratada como algo mágico que puede asustar a muchos, pero que a otros deleita. Lo triste es que el miedo tiene la voz más alta y por eso nos resuena más en nuestros oídos. Parece que hable por todas las voces, cuando solo lo emiten un par de gargantas. Este libro, como todos los que me suelen conmover, nos narra cómo los individuos pueden marcar la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal. Como esa lucha, que en un principio puede ser solitaria, acaba avalada por otros tantos que comparten los mismos valores e ideales de justicia. 

Durante toda la novela se habla de esa búsqueda del hogar, no como un lugar estanco e inamovible, sino el espacio, doquiera que sea, en el que puedas sentirte libre y pleno. Que la normalidad es un subterfugio para no atrevernos a ser quiénes realmente somos, especialmente si los que determinan la norma llevan el temor y el odio por bandera.

Ya que no es comprensible que el odio sea algo aceptable por la sociedad, mientras que lo “diferente” es perseguido. Lo anecdótico y lo raro deberían ser los discursos de odio y la diversidad debería erguirse como norma ya que no hay un ser que sea exactamente igual a otro. 

Por eso, y porque la trama cuestiona directamente los estamentos establecidos, nuestro protagonista no podía ser otro que no fuese Linus. Un trabajador social dentro del Department in Charge of magical Youth (departamento a cargo de la juventud mágica), meticuloso y concienciado con cada uno de los niños/casos que atiende, y abiertamente gay. 

Puede que este tipo de lecturas para todos públicos que se están publicando ahora mismo suelan tener protagonistas que no son los heteronormativos que consumía yo en mi niñez y adolescencia (perdonadme mi ignorancia en esta parte pero me he ido descolgando de esta audiencia). Sin embargo, lo que ha supuesto para mí encontrar un protagonista en una novela juvenil que sea homosexual y cuya historia de amor sea tan tierna y bien escrita que te estremeces con cada palabra, ha sido algo completamente único. Nunca antes lo había leído. Y si yo me he ilusionado con este detalle, que soy una chica blanca cis hetero, no me quiero ni imaginar lo que puede suponer para un@ joven adolescente que esté leyendo este libro sin apenas referentes gays dentro de sus cuentos. Puesto que poder identificarte con los protagonistas de las historias es una parte esencial dentro de la concepción de tu propia identidad personal. 

En definitiva, The house of the cerulean sea es un libro que deja poso, cargado de humor y belleza.

Es sencillamente mágico. 

EXTRES

Microteatro

Clases del taller de escritura creativa con Tamara Berbés en La Íntegra teatro.

Ejercicio: Crear una escena de microteatro que pudiese interpretarse a través de la pantalla del ordenador.

Sinopsis: Clara, una chica poco ducha en las nuevas tecnologías, tiene una reunión de trabajo muy importante a través del ordenador, y decide pedir a su pareja y amigas que le ayuden para no quedar mal delante de sus jefes.

Estilo: Humorístico.

Título: EXTRES  

Personajes:

CLARA

PABLO 

EXTRES

VIKY (O ESO CREO)

Voz en off VECINO

Una pantalla de ordenador, dos cámaras se activan dejando ver a los usuarios que hay tras ellas. Un hombre está sentado en frente de su escritorio, lleva unos auriculares puestos y sonríe al encenderse la video llamada. Su nombre (Pablo) aparece escrito en un rectángulo en la esquina inferior derecha de la imagen. Igual pasa con Clara, aunque a diferencia de su interlocutor,  a ella todavía no tenemos el gusto de ponerle rostro. En su cámara se intuye la silueta de una chica demasiado cerca del objetivo. Parece tener una lucha con el aparato. 

CLARA: (Mueve excesivamente la cámara y habla muy alto) ¿Pablo? ¿Pablo? No te oigo, ¿tú me escuchas?

PABLO: (Quitándose con urgencia los cascos ante los gritos de Clara) Sí. Claro que te escucho. 

CLARA: (Todavía en el mismo tono y con movimientos de cámara violentos) No te oigo nada. Menuda mierda de Zoomito.

PABLO: (Intentando hacerse oír entre el griterío de Clara) Ponte los cascos a ver si… (Clara sigue hablando sin hacerle caso).

CLARA: ¡¿Qué?! 

PABLO: (Gritando más fuerte) ¡Que te pongas los cascos! 

CLARA: ¿Qué qué? 

VECINO DE PABLO: (Desde fuera de escena pero en la casa de Pablo) ¡Que se ponga los putos cascos de una vez, que no hay quien duerma, coño! (Pablo mira asustado a la dirección de donde proviene el sonido).

CLARA: ¡Ay, no sé qué dices! Mira, yo me voy a poner los casos porque así no te escucho nada. (Poniéndose los cascos) ¡Por fin!  

PABLO: (Con hastío) Vale, y ahora pon bien la cámara a ver si conseguimos hacer un videollamada en condiciones. 

CLARA: (Moviendo mucho la cámara hasta enfocar su cara) Perdona churri… ¡Se me dan fatal estas tecnologías, ya sabes! Pero es que no quiero hacer el ridículo en la reunión de mañana. Venga, voy a probar a meter a las chicas, ¿vale?

PABLO: (Con cariño, comprensivo) Si es fácil, sólo tienes que dar al botón ese que tiene un símbolo de más y te aparecerán los nombres. 

CLARA: (Mirando con concentración a la pantalla) A ver, Ester y Vicky… Creo que lo tengo. ¿Ya? ¡Ay, mierda! Me he salido del programa este… 

En la pantalla aparecen dos cuadros en negro con dos nombres en ellos:«ExTres» y «Viky (O eso creo)». Un icono de loading indica que se van a añadir a la conversación.

PABLO: Ok, parece que ya se están conectando. Oye, pero les has puesto nombres muy raros a Vicky y a Ester en la agenda, ¿no?

CLARA: (Distraída clicando fuerte con el ratón) ¿Raros? ¿Cómo raros? Son los que son. ¡Pablo, anda! Dime cómo volver a meterme en la conversación, que me he ido. Te oigo, pero no te veo la cara como antes.

PABLO: No te has ido, sólo te has salido de la ventana. (Insistiendo con el tema)  Y vamos, lo de que no son raros esos nombres, lo dirás tú. (Pequeña pausa) ¿Te pone nerviosa ver a Ester, o qué? (riéndose de su propio chiste) Además, que todavía dudes de si es Vicky o no después de tantos años…

CLARA: ¿Qué? (cayendo en la cuenta de pronto y hablando con agobio, aunque todavía no ha podido entrar dentro de la videollamada) ¡No, no! ¿A quién he metido? ¡Me pasa siempre, tío! (en ese momento el rectángulo negro con el nombre de «Viky (O eso creo)» cambia dejando ver a una chica con cara de sorpresa al otro lado). Tengo un contacto al lado de Vicky que no tengo ni zorra de quién es. Creo que se trata de una chica de la universidad que uff… ¡Madre mía, qué personaje Pablo! Te he debido hablar de ella, una chica con un entrecejo que parecía que se le había dormido una oruga entre ojo y ojo…

Viky cada vez se enfada más mientras se palpa el entrecejo. Pablo muy abochornado intenta cortar a Clara.

PABLO: (Cauto) Clara…

CLARA: Super rara, te lo digo. Con una coleta ahí, medio de lado, y los pelos erizados, que parecía que le gustaba aplastar globos con la cabeza. Si le ponías las manos encima veías el futuro como una pitonisas. (Clara se ríe mientras sigue distraída dando golpes al ratón. Viky avergonzada se toca el pelo, e intenta recolocarse la coleta que lleva ahora mismo). 

PABLO: (Elevando la voz) ¡Clara!

CLARA: (Aliviada y exclamando) ¡Vale, ya sé entrar otra vez! Ya estoy…(Clara comprueba que Viky está en la conversación y la cara se le desencaja). 

VIKY (O ESO CREO): (Seria y dolida) Hola.

CLARA: ¡Viky! Mujer cuánto tiempo…

VIKY (O ESO CREO): Me llamo Virginia. 

CLARA: (Sin apenas voz) Claro… 

Se hace un silencio en el que Viky mira con mucho odio a Clara, y ella intenta evitar su mirada. 

PABLO: (Rompiendo un poco la tensión con una sonrisa) Menudo momento más EXTRESante (haciendo énfasis en su broma. Clara y Viky miran al recuadro de su pantalla donde se sitúa Pablo). 

CLARA: ¿Qué? (completamente perdida).

PABLO: No sé, digo yo que Ester pillará la gracia, ¿no? 

CLARA: No tengo ni idea de lo que hablas. 

VIKY (O ESO CREO): (Interviniendo ofendida) Me lo depilaba a diario ¿sabes? 

PABLO: (Continuando la conversación con Clara) ¡Extres! Bueno mira, hablando de la Reina de Roma (en ese momento ExTres se conecta, es un joven de la misma edad de Pablo, tiene el gesto serio). 

CLARA: (Con desesperación intentando taparse la cara con lo primero que coge, que es una foto suya) ¡Hostias! 

EXTRES: (Cabreado) ¿Ahora quieres hablar conmigo? ¿Eh? Si no me has cogido el teléfono ni una sola vez desde que me dejaste… ¡Cabrona! 

CLARA: Bueno Javi, yo, (bajando la fotografía y entrecortándose mientras mira al recuadro de Javi) a ver…

PABLO: (De repente lúcido) ¿Javi? ¿Tu ex? ¿Has llamado a tu ex? 

CLARA: Bueno Pablo, yo… (entrecortándose mirando al recuadro de Pablo)  los zoomys, los skipis… Que se me dan muy mal.

VIKY (O ESO CREO): Las orugas son animales maravillosos. Secretan seda líquida.

PABLO: (Pensativo) Ex Tres… ¿Es el tercero? ¡Me dijiste que sólo habías estado con uno antes que yo!

EXTRES: (Con mucha sorna) ¡JA!

Clara balbucea Todos empiezan a reprocharle cosas a Clara a la vez. Las voces se superponen las unas a las otras. Sólo se escucha barullo, nada concreto, exceptuando cuando habla Clara entre medias.

EXTRES: (Apuntando a la pantalla con rabia) ¡Por mensaje! ¿Cómo me pudiste dejar por mensaje y luego ni siquiera llamarme? ¡Que me bloqueaste de todas las redes sociales! Y yo quería recuperar mis zapatillas y la Play que me la dejé en tu casa…

CLARA: (Aporreando el ordenador) Apágate maldito bicho. 

PABLO: Si me has escondido que tenías más exs, ¿en qué más me habrás engañado? ¿Por qué no me hablaste ni del primero ni del segundo? Nunca he sido celoso, pero claro, si me mientes, ahora tendré que preguntarme quién ese tal…

CLARA: (Cogiendo el ordenador y moviéndose por la casa, buscando una salida) No, no, no…¡Qué mierda es esta! ¿Cómo se apaga? 

VIKY (O ESO CREO): Lo pasé muy mal con mi entrecejo. La gente me señalaba por la calle. Alguna vez me llevé un manotazo de mis amigos porque pensaron que de verdad era un bicho lo que se me había caído encima de la nariz. Además (…) 

(La última frase de «Viky (O eso creo)» se escucha clara) 

(…) leí que los globos eran buenos para la keratina. 

CLARA: (Gritando) ¡A tomar por culo! (Lanzando el ordenador por la ventana). 

Las pantallas se tornan a negro.


Maricón Perdido

Opinión sobre la serie «Maricón Perdido» de Bob Pop, producida por El Terrat

Victoria Izquierdo

De lo mucho que se ha dicho sobre esta obra, una de las conclusiones más repetidas es que Maricón Perdido es una serie necesaria en nuestro tiempo. 

Pero a mí me gustaría apuntar que lo que considero necesario en esta época es a Bob Pop. Necesito de sus discursos y sus reflexiones, siempre viendo la otra cara del prisma, no quedándose en la superficie del problema, nunca conformándose y siendo una constante fuente de inspiración. 

Su serie solo me ha demostrado lo que ya me había dejado claro desde que empecé a leerle y escucharle activamente, que su forma de contar las historias es única, llena de filosofía, reivindicación, justicia y sobre todo amor. 

Estamos en un momento en el que, como sociedad, nos hemos dado cuenta de una de esas mentiras que el capitalismo nos metió en la cabeza hace unos años. El individualismo como adalid de toda una generación. Esa idea de un mundo colectivamente más conectado entre individuos pagados de sí mismos. Primero ponte tú la mascarilla en el avión, luego ya se la pones al de al lado. 

Y ahora siento que la tendencia en el contenido que consumimos, y en lo que está triunfando realmente, es la revelación:

¿De qué nos sirve el individualismo, si no nos queremos a nosotr@s mism@s?

Nos damos prioridad frente a todo, pero no acabamos de amarnos. No nos soportamos y nos quejamos de que nuestras relaciones de amor/trabajo/amistad nunca llegan a buen puerto, porque ell@s tampoco nos soportan. Irónicamente, desde nuestro ego centrípeto, los elementos exógenos son la raíz del problema. 

Y Maricón Perdido creo que pone en evidencia esa dificultad de amarse, de mimarse, de no maltratarse. Además narrado por una persona que ha vivido en sus propias carnes ese rechazo por aquellos que más deberían haberle querido. 

Sin embargo, a pesar de todo el dolor vital que se extrae de la serie, lo que te queda es un sentimiento de constante gratitud, una reconciliación con el mundo que se traduce en un saber perdonarse. Saber amarse bien. 

Porque al final, la constante mejora está reflejada en la bondad y ahí es donde deben apuntar nuestros pasos. 

Ahora, no sé muy bien si todas estas lecturas de la serie estaban detrás de sus planos, o realmente es el sentimiento que se filtra cada vez que escucho las palabras de Bop Pop. Quizá es que los referentes acaban convirtiéndose en los bastones de nuestras propias opiniones. Con más seguridad nos ayudan a pensar. 

Porque sí, para mí (y creo y espero que para much@s otr@s) se ha convertido en un referente con el que “flipo” cada vez que decide compartir sus ideas. Me hace los días, ajenos y propios, muchos más amenos y deja en mi cabeza posos de una sabiduría, que aunque externa, acaba por ampliar la mía. 

Con esto también, parece que el término referente entraña una responsabilidad absoluta, un no fallar constante, sentirse siempre a la altura de las expectativas del público al que alientas. Sin embargo yo (hoy, a saber mañana) no lo veo de esta forma. Estas personas que a través de su arte, talento y pensamiento, han ayudado a construirme como persona nunca serán la razón de mi deconstrucción. De ellas fui cogiendo los ladrillos que hacen mis cimientos, y esos ladrillos quedarán ahí, fuertes, robustos, perennes. Sus enseñanzas llegaron a mí en el momento adecuado y no se borrarán de mis actos y conducta por mucho que ellos tropiecen.

Mis referentes no me deben nada y sin embargo yo a ell@s les debo demasiado. 

Así que brindo por más autores en serie, brindo por las personas que siguen transmitiendo tanta paz y alimento para el alma. Y por supuesto, brindo por los referentes tan necesarios como urgentes. 

«El problema es que hay demasiados influencers y pocos referentes.»

Bob Pop

UNA DE PRINCESAS

ESCRITURA AUTOMÁTICA

Clases del taller de escritura creativa con Tamara Berbés en La Íntegra teatro.

Ejercicio: Crear un microrrelato a través de las emociones de otros compañeros en 15´. Obstáculos, resilencia, la muerte, la pérdida…

Abrió los ojos repentinamente, como si nunca antes hubiese sabido utilizar sus párpados. Estaba tendida en el suelo, y un peso brutal le oprimía el pecho. Intentó pronunciar palabra, pero solo humo se escapó de sus labios.

Humo… donde siempre había residido fuego.

Observó la escena que tenía a su alrededor, la torre derruida se apilaba sin orden en montañas de despojos. Como era ella misma, un despojo, un ser que habían dado por muerto. Incluso ella misma dudaba de si no fuese más que un cadáver con un fantasma escondido.

Miró su tronco, robusto, escamoso. Empapado de una sangre ácida que parecía corromper su piel.
Si no estaba muerta, poco le faltaba… Y en ese momento sólo sentía lástima por sí misma.

Ser el dragón en un cuento de princesas siempre fue muy complicado. La muerte siempre rondaba su cabeza, y los príncipes no demostraban demasiada caballerosidad cuando se trataba de lanzar una espada lo más próxima al corazón. Ser dragón siempre fue complicado…¡Pues no os imagináis lo difícil que es ser una dragona!

Era una auténtica cruzada conseguir un puesto aterrador en los pequeños pueblos medievales. Nadie las tomaba en serio. Sus rugidos siempre, decían, eran menos atronadores que los de sus compañeros masculinos. A menudo les cuestionaban qué harían con sus huevos cuando tuvieran que estar custodiando los castillos y a las princesas que allí habitaban. Le había costado demasiado conseguir ese puesto de trabajo como para verse así ahora, tendida en el suelo entre escombros.


De pronto oyó una voz romperse. Un llanto amargo retumbó en sus oídos y en su vista nublada se dibujó una figura que se acercaba desconsoladamente.


Era su princesa.


Tanto tiempo compartido. Historias, anécdotas, sus vidas… Y ahora parecían expirar.


—¡Pero qué haces estúpida! No te acerques a esa bestia —gritaba el caballero limpiando su espada de sangre seca.